miércoles, 7 de diciembre de 2011

Breve historia

por ALGO MARINO*

De niño enterré mi tesoro

que era un animalito de madera,

incliné el rostro pensando

en que no palparía ciertas cicatrices que rayan el espejo

dije Señor repetidamente

confié al cielo mis secretos,

pero con la furia de un cinturón en el rostro

me enseñaron que un tesoro es más que una vaca de madera.

Me Sostuve como fuera posible bajo diferentes luces,

aprendí a soñar con la amistad de las nubes

y con un perro comprendí el amor fiel y reí viendo las estrellas.

Entonces el tiempo también endurecía las cosas,

adelgazaba los sentimientos, devoraba la palabra diaria,

nos enseñaba que todo tiene un precio y enseguida viene la muerte.

De esta forma encontré la tristeza de un ángel derrotado

que al final del día tuvo fuerza para tallar el calzado y señalarme el camino,

así comprendí que estaba solo frente a la inmensidad inasible,

frente al miedo de mis propios pensamientos.

Dolorosamente solo frente al naufragio

del barco de los sueños en un mar de estupor.

Hasta aquí traje a cuestas el olvido,

hasta aquí las alas de mi corazón se alzaron

con un esfuerzo que no quiero recordar,

luego de inclinar el rostro

no puedo decir que desperté porque yo vivo en una pesadilla

me duele abrir la puerta

ver cómo se multiplican los obreros de esta era de difíciles circunstancias,

me duele el llanto que rodeaba,

me destroza habitar en el sótano de los años sin mis seres queridos,

luego de buscar el sí hasta embestir fondos nocturnos

es imposible no sentir el desamparo,

se escucha la voz de Calderón de la Barca

¡ay mísero de mí! ¡ay infelice!

la esperanza se esfuma como un sonido,

asumo el cúmulo de vacíos como la tierra prometida,

y me pregunto

quién querrá pronunciar los versículos de un diario de fantasmas,

quién tendrá el valor.


*Mariano Josue Espinal Aguilar

Poeta y novelista; Ha obtenido el segundo lugar en el concurso de poesía libre “Ernesto Ché Guevara 2003”.


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Dictamen:

Este texto explora la voz interior, la voz de las evocaciones haciendo un recuento de imágenes que ofrecen el hilo conductor del poema. Es una reflexión sobre el tiempo, sobre lo que somos en el desgaste de los días. Tal vez un intento de búsqueda del otro regresando a los laberintos de la infancia que no siempre son cómodos, felices.
El poema está encabalgado correctamente, las imágenes están bien hilvandas creando coherencia y cohesión poética pero sobre todo, no se detiene en lugares comunes, frases gastadas. El lenguaje explícito, obvio no hace su aparición. Tampoco cae en el conversacionalismo excesivo ya que la voz poética no pierde ni tono ni ritmo.Recomiendo seguir explorando este lenguaje de la evocación, perseguir una poética del tiempo sin perder el tono y el ritmo.

William Rouge (Medellín, Colombia, 1977). Licenciado en Filosofía y Letras y Especialista en literatura. Ganador de El Primer Premio Nacional de Poesía, año 2001, por El Festival Internacional de Poesía de Medellín. Realizó su tesis de grado sobre La Creación y la Crítica en Octavio Paz. Coordinador de talleres de Creación literaria de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín y la Universidad EAFIT. Catedrático de Estética y Literatura de ambas universidades. Promotor de Lectura de La Caja de Compensación Familiar de Antioquia: Comfama. Ha sido invitado a diversos Encuentros y Festivales de Poesía en Latinoamerica, jurado de distinguidos concursos literrios en Colombia.

Ha publicado tres libros de poesía: El Sudor de la Bailarina (2001), Las Batallas inventadas (2003), Árboles de Leche (2009).

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