domingo, 19 de junio de 2011

Breve historia

por Algo Marino

De niño enterré mi tesoro

que era un animalito de madera,

incliné el rostro pensando

en que no palparía ciertas cicatrices que rayan el espejo

dije Señor repetidamente

confié al cielo mis secretos,

pero con la furia de un cinturón en el rostro

me enseñaron que un tesoro es más que una vaca de madera.

Me Sostuve como fuera posible bajo diferentes luces,

aprendí a soñar con la amistad de las nubes

y con un perro comprendí el amor fiel y reí viendo las estrellas.

Entonces el tiempo también endurecía las cosas,

adelgazaba los sentimientos, devoraba la palabra diaria,

nos enseñaba que todo tiene un precio y enseguida viene la muerte.

De esta forma encontré la tristeza de un ángel derrotado

que al final del día tuvo fuerza para tallar el calzado y señalarme el camino,

así comprendí que estaba solo frente a la inmensidad inasible,

frente al miedo de mis propios pensamientos.

Dolorosamente solo frente al naufragio

del barco de los sueños en un mar de estupor.

Hasta aquí traje a cuestas el olvido,

hasta aquí las alas de mi corazón se alzaron

con un esfuerzo que no quiero recordar,

luego de inclinar el rostro

no puedo decir que desperté porque yo vivo en una pesadilla

me duele abrir la puerta

ver cómo se multiplican los obreros de esta era de difíciles circunstancias,

me duele el llanto que rodeaba,

me destroza habitar en el sótano de los años sin mis seres queridos,

luego de buscar el sí hasta embestir fondos nocturnos

es imposible no sentir el desamparo,

se escucha la voz de Calderón de la Barca

¡ay mísero de mí! ¡ay infelice!

la esperanza se esfuma como un sonido,

asumo el cúmulo de vacíos como la tierra prometida,

y me pregunto

quién querrá pronunciar los versículos de un diario de fantasmas,

quién tendrá el valor.

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