El Venado
por Raygoza
Araceli despertó justo cuando el autobús bajaba por La Cuesta, así que tuvo la oportunidad de observar el paisaje, no se imaginaba que el lago estuviera tan grande.
Sacó pinturas y cremas de una bolsa de otra más grande que había acomodado entre sus piernas y comenzó a pintarse. No quería que en su cara se notara el viaje y la desvelada desde
−Ya llegamos señora− le informó una estudiante a Araceli, que sólo asintió a manera de gracias, mientras se pasaba la almohadilla del polvo por la cara.
Para Araceli era la primera vez que visitaba Chapala, alguien en México le había contado que a los niños que se robaban, los llevaban a Chapala a pedir dinero los fines de semana. Así que le informó a Rodolfo, su esposo que iría para Guadalajara y luego a Chapala a buscar a Rodolfito.
−Porque tú no has hecho nada desde que nos lo robaron y sólo te la pasas llorando− le reclamó mientras salía presurosa con una pequeña maleta.
En cuanto bajó del autobús comenzó su tarea.
−¿No ha visto un niño de piel blanca con un lunar en el cachetito, medio chinito? Ha de tener como ocho años. Fíjese que me lo robaron en México… Soy de allá… Yo lo llevaba tomado de la mano cuando de pronto me lo arrebataron… Ah, llevaba un overol con un venadito en la pechera ¿No lo ha visto? Mire esta es la foto de cuando tenía tres años… tenga.
A cualquiera le preguntaba lo mismo, paraba a las parejas, a los turistas los seguía hasta que molestos, la mandaban al diablo con todo y fotografía y ella simplemente cambiaba de persona para repetir su información.
Cuando fue al Hotel Nido a hospedarse, el rumor de que una vieja loca andaba desde la tarde en Chapala buscando desesperada a su hijo, había llegado antes que ella.
Los empleados del hotel y administrador, miraron con curiosidad cómo subía la escalera hablando sola y hurgando su inmensa bolsa como buscando algo. En cuanto desapareció, empleados y administrador tiraron las fotografías a la basura.
Por varios días Araceli recorrió toda la ribera y se convirtió muy pronto en un personaje folclórico más de la localidad. Todos se preguntaban cómo una mujer que se parecía a la Chorreada, esposa de Pepe El Toro de la película de “Nosotros los pobres” estuviera tan zafada.
Una mañana en su habitación del hotel, mientras marcaba las rutas hechas y las nuevas a seguir en un mapa maltratado, observó por la ventana a una mujer que caminaba por la avenida principal rumbo a la iglesia con un bebé abrazado.
Como un bólido bajó y trató de alcanzarla, pero ya no la encontró. Era
Muy pronto indagó que esa señora no estaba bien de sus cabales y que iba y venía de Chapala a un pueblo que se llama Santa Cruz de la Soledad abrazando un muñeco y no hablaba con nadie… sólo con su muñeco en susurros y de vez en vez mirando hacia un lado y a otro.
Para los chapalenses era un espectáculo ver caminar a la Loquita de Santa Cruz abrazando su mono y platicándole al oído y varios metros atrás a otra loca con una bolsa que hablaba, manoteaba y hacía búsquedas misteriosas dentro del fondo de su bolsa.
Ese día por la tarde, la loquita iba por el rumbo de la curva de Santa Cruz, cuando Araceli se atrevió a hablarle.
−Señora, señora…
La mujer del mono se paró sin voltear, Araceli la alcanzó y le preguntó.
−¿No ha visto este niño? me lo arrebataron hace cinco años… −al mismo tiempo que le ponía la foto en la cara.
La cara de Araceli, colorada por el calor y perlada de sudor, esperó ansiosa la respuesta y se acomodó un rebelde mechón de pelo de su cara mientras la otra mujer miraba cuidadosamente el retrato de un niño sonriente con un overol y en la pechera un cómico venadito.
−A tu chiquillo no te lo robaron, te lo mataron −respondió rápido sin mirarla y luego retomó su camino.
Araceli se quedó petrificada… y las escenas volvieron: se vio a sí misma cómo iba feliz con Rodolfito, lo llevaba de la mano por una calle del Distrito Federal y al bajarse de la banqueta porque estaba invadida de puestos, de pronto sintió un jalón, escuchó a la gente gritar y vio el cuerpo de su hijo varios metros más adelante como un muñeco roto. Nadie dio señas del auto, nadie vio nada.
***
Dos días más tarde, Araceli estaba en su casa; dormía plácida y tranquila, Rodolfo a su lado la observaba y acariciaba su rostro.
A la semana de haber enterrado a su hijo, su mujer había tenido conductas extrañas, se salía a buscarlo por el barrio con el argumento que se lo habían robado, luego en las delegaciones y más tarde por ciudades y estados de la república. Rodolfo, que en un principio la quiso hacer entender y hasta la acompañaba al punto que le llegaban destellos de realidad, se desvanecía y regresaba en una actitud serena por uno o dos meses, para luego volver al estado anterior.
Finalmente Rodolfo dejó de acompañarla y sólo esperaba la llamada de algún hospital o Cruz Roja para ir a recoger a Araceli a donde quiera que estuviera de cualquier parte del país.
Araceli abrió los ojos
−¿Cómo te sientes?
−Bien - y luego volvió a dormir.
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